Historiadores Santafesinos de Antaño
Es evidente que para conocer a fondo la historia del Río de la Plata, y específicamente la de Santa Fe, incluida en la misma, tenemos que recurrir -como es lógico-al relato de los primeros cronistas o viajeros que llegaron a estas tierras en la era fundacional. Y así, desde aquel «Memorial al Consejo de Indias», escrito por Diego de Moguer en 1525, o la crónica de Luis de Ramírez hecha más adelante, y las otras que después vinieron, relatando la epopeya de la Conquista, podemos afirmar que comenzó a escribirse nuestra historia. Españoles y portugueses, y más tarde, hombres de otras lenguas, también, fueron conformando el fabuloso repositorio documental y bibliográfico referido al Río de la Plata.
En esta nota, al margen de las obras clásicas de aquellos primeros historiadores, Schmidel, Ruy Díaz de Guzmán, Guevara, Lozano, Lopes de Souza o Techo, por citar algunos, queremos destacar la labor historiográfica realizada tan sólo por santafesinos.
El primer historiador
El primer historiador erudito, no simple aficionado o cronista de ocasión, fue sin lugar a dudas, Francisco Javier Iturri, nacido en la ciudad de Santa Fe el 10 de octubre de 1738. Hijo de antiguos vecinos, de los tantos que tuvieron que abandonar la vieja población de Garay para instalarse en el nuevo sitio, se educó en el primitivo Colegio de los Jesuitas, recibiendo allí su instrucción primaria. Siendo muy joven, tenía apenas 15 años, ingresó a la Compañía de Jesús, realizando entre nosotros un vasto apostolado.
Con motivo del extrañamiento de la Orden en 1767, se ve obligado a abandonar América para instalarse en Europa. Durante su permanencia en Roma, como fruto de meditados estudios, escribe su famosa «Carta crítica sobre la Historia de América...» donde refuta los juicios vertidos por don Juan Bautista Muñoz sobre la conquista del Nuevo Mundo.
Como consecuencia de esta obra, anuncia la publicación de un trabajo, titulado «Males que España debe temer de la libertad con que se calumnia a sus colonias». Y, en colaboración con Gaspar Suárez, también jesuita, escribe su «Historia civil del Río de la Plata» (1797).
Tal era la fuerza de su prosa y la profundidad de sus conocimientos que el mismo Deán Funes en su «Ensayo...» comenta: «Tenía ya muy avanzado mi trabajo, cuando leí que el señor abate don Francisco Javier lturri había concluido su `Historia...` de esta parte de América.
«Esta noticia -agrega- me hizo caer la pluma de la mano y estuve a punto de renunciar a mi empresa».
La «Carta crítica» puede verse en el Museo Mitre, donde se halla la primera edición madrileña de 1798 y una reimpresión realizada en Buenos Aires en 1818.
Los cronistas de las guerras civiles
Como consecuencia de las luchas intestinas desatadas en nuestro país, en las que tuvo Santa Fe tan fundamental papel, surgen por entonces los hombres que cronicaron aquellos años de gesta.
Aunque ya nos hemos referido en forma particular a la figura de don Manuel
Ignacio Diez de Andino, en una entrega anterior, no podemos dejar de mencionar su nombre como el primero de nuestros cronistas de aquella época. Su «Diario», aunque escrito en forma deshilvanada y en trabajosa lengua, es, sin duda, uno de los más importantes testimonios de la historia santafesina.
Don Ramón Lassaga fue el primero que usó esa «crónica» en el siglo pasado; y ya en nuestro tiempo, la Junta de Historia y Numistática Americana, filial Rosario, publicó el «Diario», con prólogo y notas de José Luis Busaniche.
Otra obra de incalculable valor para el estudio de nuestro pasado es «Apuntes para la historia de la provincia de Santa Fe», escrita por don Urbano de Iriondo. Comienzan estos apuntes con la crónica de la fundación de la ciudad en 1573 para reseñar luego en forma general la época colonial. Su parte más valiosa reside en la descripción que el autor hace de nuestra vida independiente a partir desde 1810 hasta 1854, siendo sus aportes de suma importancia para los historiadores locales que lo sucedieron.
Luego de toda una vida dedicada al comercio y a la función pública, don Urbano, ya en su vejez, comienza a escribir sus celebrados «apuntes». Culminado su trabajo, los mismos fueron publicados en forma de folletín en el periódico «El eco del pueblo», siendo más tarde editados como libros en el año 1876, tres años después de su muerte.
Don Domingo Crespo, otro de los cronistas locales, sobre cuya vida ya nos hemos referido en entregas anteriores, alternó también su vida entre la política y sus intereses agropecuarios, pero, testigo de una época tan plena de desencuentros y luchas fraticidas, no dejó de reflejar sus impresiones sobre la misma. Aunque breves, sus «Memorias» compendian la primera mitad del siglo pasado. Explica el autor que en el año 1847, ante la ausencia de obras que refirieran a la historia de Santa Fe, comenzó a reunir sus memorias, las que dejaba a sus hijos «para que disfruten -decía- de la inteligencia de los hechos y aprovechen de la experiencia que se adquiere no ignorando los sucesos pasados». Llega su trabajo hasta el año 1852, fecha en que comienza su gobierno. Sobre éste -dice don Domingo- no me corresponde hablar, «otros podrán escribir si fue malo o bueno».
Estas memorias, a principios de este siglo, fueron cedidas por Ignacio Crespo -hijo del cronista- al doctor Manuel Cervera, quien las publicó en el Apéndice de su libro, «Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe».
Después de la sanción de la Constitución de 1853 otros vientos corren por la República y, a pesar de la temporaria lucha entre Buenos Aires y la Confederación, los hombres del pensamiento comienzan a escribir sobre la historia de la Nación y de los pagos provincianos.
Entre aquellos que se dedican al estudio del pasado, surge en Santa Fe la figura de Ramón Lassaga, que al tema su vocación histórica con la poesía y el derecho. Sus primeros poemas nacen en la Academia de Literatura de los jesuitas. Escribe una obra dramática en verso («Un mártir de la patria») y no pocos ensayos históricos que quedan en el cajón de su escritorio. Participa de la política local y es en el periodismo donde luce su garra de prosista.
En el año 1881 publica su «Historia de López», libro que le abrirá la puerta grande en la historiografía local. De ahí en más, su producción será abundante y de significativo valor, no sólo por sus aportes documentales como por el cúmulo de tradiciones santafesinas -muchas de ellas casi olvidadas- que hace conocer.
Entre sus trabajos más importantes podemos mencionar las semblanzas y biografías del Dr. José Gálvez, de Don José Elías Galisteo, del presbítero Amenábar, del presbítero José Luis Doldán y de Belisario Lapalma; como sí también, sus «Apuntes del Santuario de Guadalupe», «El Cabildo de las Convenciones», esbozos sobre Domingo y Patricio Cullen, y finalmente sus «Tradiciones y recuerdos históricos» (1895). Inéditas quedaron carpetas enteras de escritos y algunas que encierran sus poemas «Violetas y golondrinas y «Ráfagas poéticas. La mayoría de estos trabajos se encuentra actualmente bajo la custodia del Archivo General de la Provincia.
Hace un tiempo publicamos también una nota sobre un pequeño libro escrito a mano por el propio Lassaga, dedicado al doctor Simón de triando, cuya biografía intenta.
Hace unos meses, cuando escribíamos sobre el doctor Carlos Aldao -nacido en Santa Fe el 3 de abril de 1860- destacábamos su basta producción bibliográfica, como así también su actuación diplomática, su actividad política y su sólida cultura, adquirida esta última muy especialmente a través de numerosos viajes por el mundo. Merecen señalarse entre sus libros «Los caudillos. Cuestiones históricas. y «Blasones de Santa Fe en la independencia nacional» por estar estas dos obras ligadas directamente con nuestro pasado provincial. Todo esto, sin olvidar «Errores de la Constitución Nacional, «Vagando y divagando», «A través del mundo» y «Rosas», su obra póstuma, entre casi un centenar de diversas publicaciones.
Florian Zapata, escritor prolífico, tuvo una especial predilección por la historia de su ciudad y provincia, escribiendo numerosos ensayos que, desgraciadamente, desaparecieron con motivo del incendio que redujo a cenizas su frondosa biblioteca y archivo. Entre estos trabajos inéditos cabe nombrar «La historia de los periodistas del Río de la Plata y otros intentos menores. Además de su «Historia anecdótica del Gral. Urquiza», el libro que ha trascendido su muerte ha sido sin duda «La ciudad de Santa Fe. Sinopsis para la obra del censo nacional (Nueva Época, 1899).
El Dr. Manuel Cervera
Aunque nacido en Dolores, provincia de Buenos Aires (1° de enero de 1863), el doctor Manuel M. Cervera ha sido indudablemente el historiador santafesino por antonomasia.
Superando la crónica trivial, la biografía familiar o los trabajos fundamentados esencialmente en la tradición, Manuel Cervera encara el estudio de la historia con un criterio científico e integral, ubicando la historia de Santa Fe, su provincia de adopción, dentro del contexto económico y sociopolítico de la época, analizando desde los años de la Conquista hasta los albores de nuestra Organización Nacional, hombres, instituciones y acontecimientos con un riguroso método histórico. En su «Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe., su obra cumbre, examina año por año los intrincados períodos históricos desde sus orígenes, sin olvidar detalles. El bagaje documental que aporta en sus obras es agobiante por su voluminosidad; y tal ha sido su contribución en este aspecto que, difícilmente se pueda intentar alguna investigación que no encuentre en su repertorio o en sus citas alguna referencia o fuente.
Además de la obra citada, cabe recordar a su trabajo sobre «La fundación de Esperanza», «Poblaciones y curatos., «Francisco Antonio Candioti", «Ubicación de la ciudad de Santa Fe fundada por Garay» y un sinnúmero de investigaciones publicadas en revistas de la especialidad.
Juan Pedro Grenón es otro de los destacados historiadores del pasado siglo. Nacido en Esperanza el 26 de julio de 1878, cursa sus estudios secundarios en el colegio de la Inmaculada Concepción, ingresando posteriormente a la Compañía de Jesús. De su fecunda labor historiográfica -que se acerca al centenar de títulos- podemos mencionar sus «Estudios históricos coloniales», «Florilegio de la venerable María Antonia», «Álbum de cartas coloniales», la «Villa del Rosario» y su conocida obra sobre «La ciudad de Esperanza», abrevadero fundamental para quienes indagan sobre esta colonia agrícola.
La labor de Félix Barreto, nacido en 1874, y el Dr. Clementino Paredes (1870) ha sido publicada durante media centuria en nuestros periódicos de fines y de principios de siglo. Entre las obras del primero cabe señalar los «Rasgos biográficos del Dr. Simón de Iriondo», «Domingo Silva», «Urbano de lriondo», «Nicasio Oroño», «Papeles de Rosas» y otros ensayos. Del Dr. Paredes, recordamos una serie de folletos («Carnavales de la vieja Santa Fe», una monografía sobre «El padre Bustamante» y sus aportaciones sobre la Universidad de Santa Fe, «El templo de S. Francisco», «La lglesia Matriz», el «Gral. Paz y su casamiento», etc.).
También de esa época es el Dr. Modesto Alvarez Comas, quien publica desde el comienzo del siglo: «Santa Fe. Su origen autonómico», «La Constitución de 1853» y «Santa Fe, el federalismo argentino y el patriarca de la Federación», esta última, quizás, su aporte más efectivo.
Esta simple y breve enumeración, no significa que olvidemos al fuerte grupo de los historiadores del sur, a quienes, por razones de espacio los dejamos para más adelante en otra nota. En esta importante generación finisecular rosarina, cabe recordar al Dr. Estanislao Zeballos («Viaje al país de los araucanos»), Eudoro y Gabriel Carrasco («Cartas de viaje» y «La provincia de S. Fe»), David Peña («Contribución al estudio de los caudillos argentinos»), Calixto Lassaga («La bandera argentina»), Antonio Cafferata («Apuntes sobre inmigración y colonización»), Augusto Fernández Díaz («Los Gómez Recio»), Julio Marc («La moneda colonial argentina»), Félix Chaparro («Los guaycurús»), Nicolás Amuchástegui («El Brigadier Virasoro»); Francisco Cignoli («La Sanidad y el cuerpo médico del Ejército Libertador») y al Dr. Juan Alvarez, autor entre otras obras de su difundida «Historia de Rosario».
El aporte de los historiadores de los siglos pasados, puede considerarse altamente positivo; de unos, porque fueron testigos de los hechos que narraron; de otros, por la contribución documental, en gran parte inédita, que ofrecieron en sus trabajos; y del resto, porque no adoptó una determinada postura, escribiendo lo que podemos llamar «la historia oficial» de la provincia.
Los identificó más bien una posición liberal individualista, al margen en muchos casos de un rigor sistemático o científico, pero fieles a sus criterios personales, a su buen entender y a sus ideas sobre el hombre y la sociedad.
Por eso, los que pretendemos analizar hoy nuestro pasado histórico no podemos dejar de abrevar en este importante conjunto de obras a muchas de las cuales podemos considerarlas ya, sin reparos, como clásicas.
Dos hombres fuertes se mueven en el litoral argentino durante la época de las luchas civiles: Estanislao López y Juan Manuel de Rosas. Su relación surge inmediatamente de los sucesos del año 20 y no se interrumpe más a través de casi dos décadas de agitado vivir. Sus respectivos pueblos siguen sus pasos y marchan a su ademán bajo el polvoriento tropel de las montoneras.
Desde Puente de Márquez, donde el gobernador santafesino ha sido el director de la guerra, Rosas ha marchado a su vera sin pretender desplazarlo de su hegemonía política en el litoral. Estanislao López, señor dé su provincia, representa el muro de contención de las ambiciones del «Gaucho de los Cerrillos». Su muerte cambia el rumbo de la política argentina, enrolándose Santa Fe, después de los sucesos de 1838 en una intensa campaña contra el gobernador de Buenos Aires. Domingo Cullen es el precursor con su participación en los problemas del bloqueo y su posterior connivencia con los unitarios. El general Juan Pablo López, sucesor de éste, permanece en los primeros años de su gobierno enrolado en la causa rosista hasta 1841 en que, enfrentando la política del Restaurador promulga una Constitución, oponiéndose de esta manera a aquello de que «nada servían los cuadernitos» para regir la vida de los pueblos. Los principios de derechos consagrados en esta Constitución son los mismos que años más tarde consagraría la Ley fundamental del 53 en su parte declarativa. Firman esta Constitución provincial: Urbano de Iriondo, Domingo Crespo, Cayetano de Echagüe, Pu-jato, Sañudo, etc., los mismos que diez años más tarde, manteniendo firme los principios federales, no unitarios, habrán de levantar la provincia contra el gobernador de Buenos Aires.
El 5 de noviembre de 1841, Santa Fe realiza un tratado de alianza con Corrientes, pronunciándose oficialmente contra Rosas. El general López alza la provincia, como ya lo expresáramos en otro artículo, en el momento histórico más difícil para rebelarse, es decir, cuando el ejército del general Oribe venía triunfante después de su campaña del norte.
Tomada la ciudad de Santa Fe por el general oriental, es elegido luego en carácter de gobernador el general Pascual Echagüe , con el que comienza una etapa de sometimiento al gobierno de Buenos Aires.
El general López después de su derrota en Colastiné marcha a defender la plaza de Montevideo, previa la campaña con Rivera en Entre Ríos, dispuesto a proseguir la lucha en que se ha empeñado. Así es como en 1845 toma la ciudad de Santa Fe, ocupando el gobierno por varios meses; y en 1847 combate al lado de los Madariaga en los Potreros de Vence.
Mientras tanto, Iriondo, redactor de la Constitución de 1841, Crespo, firmante de la Alianza del 12 de abril de 1842 entre Santa Fe, Entre Ríos y la Banda Oriental, Echagüe, Pujato y otros Constituyentes del 41, contrarios ala política porteña prosiguen en la ciudad natal su lucha, esperando el momento de dar el golpe definitivo.
1851 marca en la historia patria el momento más trascendental de su destino. Pronunciado Urquiza contra Rosas en mayo de ese año, a su lado se agitan los que esperaban tal resolución. La proclama que da al pueblo de las provincias la redacta un hijo de Santa Fe: Manuel Leiva.
Los santafesinos están atentos a la marcha de los acontecimientos. En 17 de octubre de ese año la H. Junta de Representantes de la provincia protesta contra la Alianza de Urquiza con los extranjeros, dando a Echagüe amplias facultades para combatir a los enemigos de la Patria. Este último, ante el vuelco de los sucesos, delega el poder «por tener que salir el gobierno a revistar los diversos cuerpos del Ejército», designando «inter dure su ausencia en campaña al ciudadano federal, Juez de Primera lnstancia Don Urbano de lriondo».(1)
La hora ha sonado. Desde ese momento los hombres adictos a la política de Urquiza se complotan para insurreccionar a la provincia. Don Antonio Crespo, gobernador delegado de Entre Ríos se entrevista con su hermano Domingo, prometiéndole ayuda para el alzamiento local. Por su parte, Don Luis Hernández, a la sazón en Diamante donde ejerce la Comandancia de Armas, escribe a sus amigos, comprometiéndose a venir en su auxilio y comunicarle el día en que el general Urquiza cruce el Paraná.
A todo esto, don Pascual Echagüe pasa al «Monte de los Padres» con 300 hombres, reuniéndosele allí el coronel Castañeda, el cacique Antonio Crespo con los indios del Sauce y el Capitán Pereira con su gente completando así más de setecientos hombres.
En la ciudad, Urbano de lriondo ultima los detalles para la revolución. Los viejos federales están a la resulta de los acontecimientos. Al fin el día esperado llega: Urquiza, vencedor de la Banda Oriental, pasa ahora sus primeras tropas desde Diamante a nuestra ribera. Estamos en 22 de diciembre. La rebelión es un hecho. Esa noche don Urbano con un grupo de adictos inspecciona los alrededores de la ciudad. Llega hasta la chacra de Canales donde le espera el comandante Díaz, con quien se pone de acuerdo para que al otro día llegue con su gente hasta el Cabildo apoyando el movimiento. También compromete la presencia del coronel Ramírez, correntino. Por su parte don Ignacio Comas, jefe de los cívicos de la guarnición local se pliega igualmente a los revolucionarios. Solamente el comandante Febre, sabedor de lo que se trama para el día siguiente, huye de la ciudad para incorporarse a las fuerzas del general Echagüe.
En la mañana del 23 de diciembre de 1851 tiene lugar el pronunciamiento. En el local de la Aduana se encuentran acantonados los cívicos y la Compañía de Negros al mando del capitán Osuna. Convocando a todos los presentes, lgnacio Comas da el grito de ¡Viva Urquiza! ¡Muera el tirano Rosas! Casi unánimemente toda la tropa se pronuncia a favor del movimiento, dando vítores al caudillo entrerriano. Solamente un grupo de negros se rebela contra tales manifestaciones tomando sus fusiles y negándose a obedecer. Al fin, son sometidos y encerrados en los calabozos.
A pesar de los halagüeños resultados del primer momento la situación empieza a tornarse difícil. Ni el comandante Díaz, ni el coronel Ramírez se presentan esa mañana en la plaza conforme lo convenido. Enterados de la poca gente que acompaña a los sublevados huyen de la ciudad rumbo al Sur. Por otro lado, llegan noticias de que las tropas de Santa Coloma están atacando a los efectivos urquicistas, cerca de Coronda. Y para aumentar la zozobra, la gente prometida por el gobernador de Entre Ríos no se hace presente en Santa Fe. Tan sólo cumpliendo con su palabra, don Luis Hernández llega con un partida de 30 gauchos de la vecina orilla. Treinta hombres y una desnutrida guarnición es todo lo que cuentan los santafesinos para sostener su pronunciamiento. Mientras tanto, tres poderosos ejércitos, con más de 12.000 hombres en total, al mando de los generales Mansilla, Echagüe y Santa Coloma ocupan estratégicos puntos de la provincia. Y de no resultar el cruce de Urquiza a nuestra orilla, en pocas horas estarán sobre la desguarnecida ciudad.
El grupo revolucionario no se amedrenta por esto y solicita apresuradamente auxilio al gobierno de Entre Ríos, quién le envía al coronel José María Francia con 600 cívicos de Paraná.
Enterado Echagüe de la revolución de Santa Fe se une a Santa Coloma, marchando ambos por la banda norte del Carcarañá rumbo a Cruz Alta. Desde aquí el gobernante santafesino, dando un rodeo, toma hacia el Oeste, dejando en el río al capitán Angel Mariano Morón con abundantes pertrechos de guerra que, luego el 15 de febrero de 1852 son devueltos a Santa Fe, y forzando marcha se dirige por Melincuéhacia Buenos Aires, llegando a Palermo junto al Restaurador con menos de 200 hombres.(2)
Mientras tanto, triunfante en Santa Fe el movimiento, lriondo por estar ocupado el Cabildo con las fuerzas entrerrianas, convoca al vecindario (24 de diciembre) en su propia casa para decidir los problemas más urgentes. Y al otro día, a las 11 a.m. se nombra gobernador interino a don Domingo Crespo. «Me congratulo -dirá días después Urquiza en carta a Crespo- que la elección haya recaído en V.E. para presidir a esta brava y benemérita provincia, que acaba de dar el testimonio más conspicuo de su amor a la libertad y odio al sangriento tirano de los argentinos». Y a continuación, refiriéndose a Santa Fe expresa: «ella será considerada como precursora de la nueva era que va a dar comienzo, sosteniendo para uniformidad de intereses los principios del Pacto Federal del 4 de enero de 1831 ».(3)
El 25 de diciembre Rosario se pronunciará también en favor de Urquiza, hecho éste que consignaremos en el próximo artículo.
La obra revolucionaria estaba empezada, faltaba terminarla. Y allá marchan los santafesinos tras el ademán de don Justo José, que, de galera y poncho, se apresta a entrar en combate en los campos de Caseros. En los días preliminares a la batalla final, el general Juan Pablo López, que desde San Borja (Brasil), ha venido a incorporarse a Urquiza, derrota, al frente de la vanguardia del Ejército Grande, a la vanguardia rosista en los Campos de Alvarez. Las tropas del general Hilario Lagos son totalmente vencidas en este encuentro donde participan más de 10.000 hombres.
(1) Decreto del 25 de octubre de 1851. Leyes y decretos de la Provincia. Arch. Hist. de Santa Fe.
(2) Urbano de Iriondo. Apuntes para la historia de Santa Fe.
(3) Notas de los Gobiernos de Provincia. Tomo 1847-1851, fs. 998. Archivo de Gobierno. Archivo Histórico de la Provincia de Santa Fe.